Breves


viernes, 22 de mayo de 2009

Racismo y libertad.

Hoy me he visto entre dos fuegos, siendo cada uno de ellos una persona muy próxima a mí.

La primera me habló del racismo, de las barbaridades que se cometían en países del tercer mundo, donde cultural e ideológicamente estaban atados a ideas y costumbres casi medievales. Vídeos de árabes tirando a otros hombres desde una torre y lapidando en el suelo a los supervivientes solo por ser homosexuales, Dominicanos peleándose por un salami o nazis peruanos. Estos dos últimos videos los ví, los podéis encontrar fácilmente en youtube.
También me habló de anécdotas y hechos: Ecuatorianos que son maleducados con las cajeras del supermercado de su barrio, inmigrantes que llenan de mierda sus pisos, o sudamericanos que te miran con odio si entras en su bar. Son cosas que esa persona había visto o había oído de amigos y familiares que vivieron esa situación. ¿Son una minoría? Si, no... No lo se. Lo importante es que son hechos.

Comenté eso a la otra persona, ya que en cierto modo me pareció turbador oír eso de alguien que gritaba eslóganes comunistas cada vez que se emborrachaba, y la otra persona se pasó al bando contrario. Incluso me acusó de volverme racista con el tiempo, solo por compartir algunos de esos temores, o acusar esas cafradas.


¿Los países totalitarios islámicos son una minoría? ¿Las bandas latinas también? Esas minorías mataron a 200 personas en Atocha. La mafia es una minoría, si calculamos el número de individuos que alberga, comparados con la población mundial. Los directivos de empresas farmacéuticas son una minoría aún más pequeña, y mueren millones para que ellos se enriquezcan.
Hay que reconocer una cosa: Los crímenes existen, están ahí, y se cometen. Un hombre con una pistola es una minoría, pero con diez balas puede quitar diez vidas. No debemos perdonar porque sí, ni debemos ignorar los hechos cometidos, pues solo invita a que se cumplan una y otra vez. Eso no es justicia. Cualquiera que crea que su verdad está por encima de la vida, salud o bienestar de sus semejantes es un parásito y creo que este mundo es demasiado bueno para él. Esto incluye a los imanes islámicos que promueven que se lapide o dispare a personas que cometen adulterio, a los altos cargos eclesiásticos católicos que ayudan a encubrir abusos a menores, al político que promueve manifestaciones contra la inmigración y al cabeza rapada que machaca a un homosexual en un parque. Y al que me diga que exajero, que vea este link. Si busca, puede ver el video que yo vi en el que una multitud pegaba unos treinta tiros o más a una mujer adúltera y a su amante). Este tampoco se queda corto, o este..


Me dolió que me acusaran de racista, y me sentí incomprendido, de modo que voy a aprovechar para dejar clara cual es mi postura.

La libertad es sagrada.

Y ahora voy a concretar esto: La libertad, hoy en día, se ha vuelto algo tan ténue que casi no nos damos cuenta de que existe. Es como el sol o el aire: Damos por sentado que está ahí y ni siquiera nos preocupamos. Sin embargo, en los países nórdicos, las noches invernales llevan a mucha gente a la depresión y el suicidio, y los que padecen enfermedades pulmonares sufren grandes penurias o incluso mueren a causa de sus dolencias.
Es un poco lo que acusaba Karl Marx, cuando hablaba de la alienación de la clase burguesa (igual de grave que la alienación proletaria): Un hombre tiene una serie de necesidades básicas, que son el alimento, la vestimenta o la vivienda, por citar algunos ejemplos, pero como las clases pudientes no tienen problemas para procurarse esas necesidades, han creado una nueva serie de meras querencias en necesidades artificiales, como la propia imagen, el ocio o el estatus social. Esto es muy evidente, no hay más que ver cuantas horas dedicamos a la televisión, a tener el mejor móvil, o a mantener nuestro facebook, tuenti o este mismo blog que estás leyendo ahora mismo.

La libertad, a diferencia de lo que decía Adam Susan, el dictador ficticio que gobernaba la oscura inglaterra distópica del comic V de Vendetta, no es un lujo. La libertad es una necesidad. No tenemos ninguna guerra en marcha que haya acabado con los lujos ni con las libertades. No nos enfrentamos al mundo, simplemente queremos sobrevivir. No pretendemos joder a nadie, solo tener nuestra vida. O por lo menos, así es como debería ser. Eso mismo es lo que debería representar la libertad.



¿Os suena esta cara? Es Edgar Friendly, uno de los personajes de Demolition Man, peli cutre de acción de los noventa, pero muy recomendable. En ella hay un futuro pseudoutópico basado en el pensamiento único y la imposición. La seguridad ha matado a la libertda, menos en una resistencia que malvive en las alcantarillas, liderada por este hombre.
Tiene una cita que me encanta, y es la siguiente:


Verás, de acuerdo con el plan de Cocteau, yo soy el enemigo porque aún sé pensar; me gusta leer. Me gusta la libertad de expresión y la libertad de elección. Soy el tipo de tío que le gusta sentarse en una tasca grasienta y pensar "Tio... ¿Debería escoger el chuletón o el especial gigante de costillas a la barbacoa con patatas fritas de guarnición?" Yo QUIERO tener colesterol alto. Quiero comer beicon y mantequilla y cubos de queso, ¿vale? Quiero fumar un puro cubano del tamaño de Cincinnati en la sección de no fumadores. Quiero correr por las calles desnudo, cubierto de gelatina verde mientras leo la Playboy. ¿Por qué? Porque de repente podría sentir la necesidad de hacerlo, ¿de acuerdo, colega? He VISTO el futuro. ¿Sabes que es? Es una virgen de cuarenta y siete años de edad sentado en su pijama beige, bebiendo un batido de plátano y brecol cantando "Soy una salchicha Oscar Mayer"


Esa es la libertad que yo quiero. Evidentemente lo del puro es una falta de educación y lo de la gelatina verde es un escándalo, pero además estaría atacando a la libertad de la gente de estar en un lugar sin que le fumen en la cara (que no quita que otra gente tenga derecho a fumar, y también merezca su lugar), o a que tengan que verme desnudo (con el daño mental que eso podría provocar).
Quiero que si mañana me apetece meterle la lengua a otro hombre hasta notar que ha desayunado el día anterior, nadie me golpee con un bate de beisbol con clavos. Quiero titular mi obra de teatro "Me cago en dios" sin que organizaciones como Cristo Rey venga a reventarla a hostias. Quiero dibujar caricaturas de Mahoma sin que pongan precio a mi cabeza. Quiero lucir mis melenas sin que cuestionen mi hombría o mi higiene por ello, y mucho menos mi nivel cultural.
Eso es la libertad, pero la libertad implica otra parte y es la del respeto. Soy un heavy que practica el modo de vida occidental, con su conexión a internet, sus pizzas, sus pelis, sus series y sus videojuegos. ¿Tengo que tolerar que un pijo diga que los heavys somos gañanes por que gritamos en conciertos y hacemos pogo? Si. Al igual que él tiene que tolerar que yo diga que los pijos son superficiales, viven de apariencias y que a mis ojos, su aspecto es deplorable y ridículo (igual que mi aspecto a sus ojos). Esa es otra parte de la libertad. Tolerar y respetar la libertad de otros.

Eso es lo que quiero: Quiero blasfemar y después de eso, cualquier cura, imán o monje shaolín, me puede decir si le da la gana que acabo de hacer una barbaridad, y que por ello, su dios me condenará a lo que crea oportuno, pero ese sacerdote, del tipo que sea, no tiene derecho a limitar mi libertad de expresión.
También quiero llamar a las cosas por su nombre. Creo que llamar "negro" a un negro no es un acto racista, ya que realmente es el color (más o menos aproximado) de su piel, igual que yo soy blanco. Un sudamericano es sudamericano porque ese es su origen o el de su etnia (y NO es latino, ya que esa palabra se refiere a los que viven en la zona del Lacio, en Italia). Odio esa corrección política que dice "gente de color" o llama "gente pequeña" a los enanos. Eso también es una limitación de la propia libertad. Incluso en estados unidos han cambiado el nombre de la pizarra de clase, de "Blackboard" (tabla negra) a "Chalkboard" (tabla de tiza), para no herir sensibilidades.
Es jodidamente absurdo. Estamos locos. Esas cosas también son limitaciones de la libertad.

No soy racista, y no me importa que mi vecino, el novio de mi hermana o hija (o la novia de mi hijo) sea negro, blanco, azul, árabe, indonesio, musulmán, sudamericano o incluso, en un alarde de tolerancia, miembro de la iglesia de la Cienciología. Siempre y cuando, me respete a mí, a los míos y no pretenda imponer nada que no deban concederle unas normas de respeto, educación y urbanidad.


La libertad, sin embargo, debe de tener un límite, que es la seguridad. Debe ser un límite razonable y muy bien delimitado. Yo, al acatar una ley que prohibe el homicidio, estoy renunciando al derecho a pegarle un tiro en la cara al primero que me cruce por la calle, pero a cambio él renuncia a pegármelo a mí. Quizás por eso odio a la gente intolerante, como skinheads, extremistas religiosos o hijos de puta en general. El mundo les concede la libertad de seguir su ideología, su religión o su modo de vida. Ponte un burka, ayuna en el Ramadán, mantente virgen hasta el matrimonio, confiesa tus pecados y comulga, haz ofrendas de comida a tu deidad o renuncia a tratamientos médicos que puedan salvarte, todo a cambio de asegurarte un lugar en el paraíso. No me importa. Pero lo que tú elijas por tu propia voluntad no debe obligarme a mí. ¡Ese es el problema de los extremistas! Ellos se creen con el deber de decidir por los demás. Por ello lanzan hombres con armas, desde palos y navajas hasta armas de fuego o explosivos, a imponer sus propias ideas por la fuerza.

Estos no son los principios de mi país. Esta es la España que me gusta, y por la que voto cada vez que hay elecciones. Esta es la España que reconoce como idiomas oficiales el español, el gallego, el euskera y el catalán. Me gusta poder elegir con quien compartir mi vida sin estar obligado a elegir a alguien del sexo opuesto (a estas alturas de mi vida sé que acabaré con alguien del sexo opuesto, pero como decía la chapa que llevaba la lesbiana pro-aborto embarazada del comic "Muerte, el alto coste de la vida": Voy a tenerlo, pero me ha gustado poder elegir). Me gusta poder ver porno en internet en el que tres hombres de distintas complexiones (delgados, gordos, jóvenes o viejos) se follen junto a dos trannys a una midget hermafrodita y a una mujer siamesa con gigantismo, siempre y cuando nadie haya sido obligado a participar en la escena contra su voluntad (se que porno así es una atrocidad, y no me atrae, es un ejemplo extremo, pero yo no quiero verlo. Quiero PODER verlo SI QUISIESE). Quiero poder elegir ser católico, árabe, budista, hinduísta, judío o ninguno de los anteriores. Quiero escuchar a Marilyn Manson, a Sabina, a Freddie Mercury o a Cañita Brava, y ver en la tele tanto a Rouco Varela como a Sylvester Stallone, pasando por Zapatero, Jenna Jameson, Bibiana Anderson o el gran Wyoming.
Y esto es lo que mi país me concede. Es como el sol o el aire: Es una libertad que siempre está ahí, aunque no la veas, pero que es igual de importante. Es una libertad por la que creo que vale la pena luchar, matar o morir. Hay dos frases muy serias al respecto. La primera y más parecida es la de "No comparto sus ideas, pero moriría por su derecho a tenerlas". La segunda es una frase mucho más realista, que nos muestra la importancia de esa libertad como derecho al alcance de todos, y no algo que solo incumbe a uno mismo. Martin Niemöller es un pastor luterano alemán que la escribió, y le dió la forma de un poema. Poema que todos deberíamos memorizar, pues contiene esa amenaza a la que nos exponemos por no dar importancia a esta libertad.

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.


Que sean minoritarios los que atentan contra nuestra libertad, los terroristas, los asesinos, los demagogos, los mentirosos y los tiranos, no justifica nada. Debemos luchar contra ellos, oponernos y expulsar esas ideas, con la misma fuerza que ellos intentan imponerlas. Debemos responder a los argumentos con argumentos, y a las leyes con leyes. A los crímenes (que son ejercicio de fuerza) con sentencias y penas (que también son fuerza), y esas penas deben ser severas y seguras.
Cuando hablo de defender la libertad, no me importa de que religión, raza o estrato social es mi enemigo. La cuestión radica en que yo quiero vivir la vida que me garantiza el estado, y si alguien quiere impedírmelo (a mí o a cualquiera) el estado debe emplear todos los medios a su alcance para que no lo consiga, castigándole de forma acorde al daño que él quiso hacerme o me hizo (de la pena de muerte ya hablaré otro día, de entrada diré que me opongo a ella).

Luego, hay un tercer aspecto, que la primera persona que mencioné al principio estaba en contra, y la segunda estaba a favor, que era el ejemplo de que un núcleo de población se hiciese muy numeroso, o quizás incluso mayoritario en un lugar, y quisiese imponer su ley. El ejemplo, en este caso, eran los árabes.
La primera persona dijo "si los moros quieren la ley islamica, ya la tienen en sus países" (más o menos con estas palabras). La segunda dijo que "si los árabes fuesen, por ejemplo, el noventa por ciento de la población española, sería lógico que españa se rijese por normas islámicas".

Yo, como persona que sabe de leyes (aunque a mis veinticinco años aún no haya acabado la carrera de Derecho), le doy la razón a la primera: Vivimos en un mundo organizado por leyes. Libertad y seguridad, ambas preservadas en base a una serie de ordenamientos jurídicos, tanto internos (La Constitución del 78, el Código Civil, el Código Penal...) como internacionales (El tratado de Bruselas 1, el de Kyoto...).
Esas leyes dicen que España es un país aconfesional, democrático y un estado de derecho. Creo que la ley Islámica, o por lo menos si usamos el ejemplo de los países islámicos más exaltados como Irán, o el Afganistán de los talibanes, no cumple esas normas. Ni aconfesional, ni estado de derecho. Pueden tener sus leyes, pero esa condena a la homosexualidad, al adulterio o esa facilidad a la hora de aplicar penas capitales incluso por masas populares, sin ser tribunales organizados, no son un estado de derecho. No me creo que esa mujer y ese hombre, tiroteados por una multitud ante mis ojos en un vídeo, hayan tenido un juicio con las garantías que ofrece la sociedad occidental.
La ley debe también reconocer situaciones de hecho, y lo hace. Reconoce la celebración de matrimonios por ritos islámicos entre muchos otros actos religiosos. Somos un país abierto y permisivo, aunque la derecha quisiese incluír la religión católica en la constitución europea. Sin embargo, las cosas claras. Yo debo respetar costumbres locales de los lugares que visite, o a los que emigre. Los que emigren aquí también deben hacerlo. (He ahí uno de los argumentos de la primera persona: Su país es tercermundista porque ellos lo hicieron así. Están demasiado ocupados jodiéndose mútuamente como para que su sociedad avance, y ahora vienen y acostumbrados a joder o ser jodidos, nos joden a nosotros).


Sé que es una situación incómoda. Somos un país donde el fenómeno de la inmigración no deja de ser reciente, ya que hace diez o quince años, ver un negro o un chino por la calle era una rareza. A veces veías un árabe vendiendo alfombras, pero poco más. Ahora bajas al supermercado y ves de todo. Hay kebabs, hay top manta, hay tiendas de artesanía, hay locutorios para llamadas internacionales, y me parece perfecto. En serio, me encanta, ya que es cultura. Puedes hablar con gente, conocer a gente, y eso te hace más culto, te da mundo, y en definitiva, te hace mejor. La derecha miente cuando dice que los emigrantes vienen a quitarnos el trabajo. El trabajo nos lo quita el empleador que nos despide para contratar un inmigrante por cuatro perras, esa es la puta verdad. La derecha dice que vienen a delinquir, y muchas veces eso es cierto (que se lo pregunten a Jose Luis Moreno), pero muchas otras no. Y si no juzgamos a un español antes de que cometa crimen alguno, tampoco debemos hacerlo con un inmigrante.


Eso es el derecho. Esa es la libertad. Quiero beber alcohol, ver porno, blasfemar, jurar y decir palabrotas, maldecir, vestir como quiera, follar con quien quiera como ambos queramos (ahí no solo decido yo), y quiero lo mismo para mis hijos, mis amigos, mis vecinos y aquellos con los que me cruce por la calle o a los que no vea en la puta vida, siempre que sean de mi país. ¿Por qué excluyo a los países extranjeros? Porque viven en su país con sus leyes. Si les gustan, bien, si no, yo no puedo hacer nada al respecto, pero en España si, con mi voto, mis opiniones y lo que esté dispuesto a aportar.
La ley es la ley, y lo es para todos. Si te gusta, vente. Si no, te jodes. Y si tú, lector, crees que estoy siendo racista, o soy un progre iluso de izquierdas, estás en tú derecho a creerlo y lo respeto. Pero si pretendes hacer algo para que cambie mi opinión, vete ya mismo a tomar por culo.

He dicho (a lo largo de dos horas de escritura. Gracias por llegar hasta aquí, estimado lector).
Creo que es un buen momento para releer V de Vendetta. Vosotros también deberíais leerlo, si no lo habéis hecho ya.

Semper fi.


Ukio

5 comentarios:

Valent dijo...

Me encantó la frase del chorvo de Demolition Man cuando la vi, en el fondo de su expresiones que muchos encontrarian malsonantes o asquerosas no veo más que un simple lema: Libertad.

Quitando eso, apoyo la misma opinion añadiendo que me jode mucho esos inmigrantes que vienen aqui y que, a cambio de que nosotros los respetamos a ellos y a sus costumbres, nos lo pagan con odio y desprecio

KITE dijo...

Te pondré un caso que me ha tocado la vena moral y ha dejado a los progres con la mierda hasta los sobacos:
Un profesor de x facultad da, en clase, su opinión sobre el aborto (que la mujer se convierte en la madre de un niño muerto), sobre la homosexualidad (que es una enfermedad) y topicazos derechistas varios. Reacción del Comité de Estudantes: Pintarrajear con spray la puerta del despacho de dicho profesor con unos cuantos insultos, a continuación imprimen los panfletos donde denuncian a este tipo y muestran la foto de su pequeño atentado.
Y después de todo esto pregunto: ¿quién da más asco en este asunto?

Coño, casi suelto un discursazo. Perdón. Lo que quería decir, al fin y al cabo, es que este tipo sólo estaba poniendo en práctica su libertad para expresarse, común a todos. Por otro lado están unos nazis-comunistas, defensores de la lengua gallega ("Na Galiza em galego", yeah) y de los derechos del estudiante/proletario, que le joden la puerta del lugar de trabajo sólo por no pensar como ellos. Cojonudo: Tolerancia cero promovida por los padres ideológicos del futuro Gram Irmao "socialista".
La libertad, tal y como yo la defiendo, es común a TODOS. Que no nos ciegue la ideología y el fanatismo, hostias. Joder, mi profesor de Ciencia Política es un cerdo capitalista, conservador y nacionalista de derechas y es admirado por todos porque es un tío de putérrima madre y sabe criticar todas las filosofías, por mucho que exponga sus ideas "políticamente incorrectas". E ahí la palabra clave: "políticamente"; lo cual me hace pensar en los políticos que imponen sus opiniones como las correctas, tanto peperros como socirratas. Yo decido qué es puto correcto siempre y cuando no atropelle la libertad de otros.

¡Que alguien me corte las manos, quiero largar sobre este tema hasta que sangren! ¡Hey! ¡No hay por qué llamar a la puerta con un ariete, cabrones! ¡Aaaaargh! ¡Malditos cerdos! ¡Soltadme! ¡Fascistas! ¡Stalinistas! ¡No me callaréis! ¡No me callaréis! ¡No m*Bota en los dientes*

Gotta fight for your rights y tal.

Ukio sensei dijo...

Es lo malo de los extremos. Empiezas por decir que los otros son unos cabrones, los de la esquina de todo, que apalean inmigrantes, y acabas por meterlos a todos en el mismo saco por no pensar como tú. Ya insulté a los nacional-galizistas en su tiempo y probablemente volveré a hacerlo, por lo menos una o dos veces más este año.

PD: Kite, deberías hacerte un blog. *Bota en la boca* sería incluso un buen título.

Gracias a los dos por leer.

Noiry dijo...

Dice el refrán "Adonde fueres, haz lo que vieres". Si yo me voy a Arabia Saudí me comportaré deacuerdo a sus costumbres y leyes y no porque en mi país se diga tal voy a hacerlo allí. Del mismo modo, si alguien de fuera viene aquí, espero que no me imponga sus leyes.
Mucha gente de la calle, española, dice que los inmigrantes no les son un problema mientras se adapten y no armen líos. Y al final eso es lo que buscamos todos, convivir respetando a los demás.
Pero siempre están los extremistas y los ignorantes, los que defienden tanto su individualidad y su propia libertad que atentan contra la de los demás.

Valent dijo...

Avisa cuando vayas a poner a parir a los nazionalistas, para que pueda engrasar y pulir debidamente todas mis expresiones losantianas.