Breves


jueves, 2 de diciembre de 2010

Que la fuerza te acompañe, Irvin.

Puede que George Lucas sea el hombre que más notorio se ha hecho gracias a Star Wars. Es el padre de la historia y de todos esos geniales personajes que han marcado tantas infancias o incluso vidas enteras. Luke, Leia, Han, y por supuesto, el principal y más valioso personaje de toda la saga, Darth Vader (aunque devaluado por las nuevas películas).

Y la primera película, Una nueva esperanza, es sencillamente una película redonda. Perfecta, incluso. No en el sentido de que sea absolutamente la mejor película de la historia, sino por el hecho de ser una película completa, con un principio y un final redondos: Planteamiento, nudo y desenlace. Sencillo, bien hecho y listo.
Por lo tanto, darle una vuelta más a una tuerca ya asegurada puede que solo consiga estropear lo que se había logrado. Muchas grandes sagas se han echado a perder por una inoportuna secuela o precuela que estropea la perfección del conjunto. La propia saga de Star Wars es el ejemplo perfecto, con el daño sufrido por las tres películas de la nueva trilogía.

Sin embargo, Lucas, en 1980 estaba demasiado ocupado para ocuparse de la dirección. Tenía que hacerse cargo de la producción, el guión y todos los demás aspectos, por lo que dejó la silla de dirección para el hombre que había sido su mentor en la academia de cine: Irvin Kershner. Un hombre metódico, insistente, perfeccionista y capaz de repetir las tomas mil y una veces con tal de obtener el resultado deseado. Y lo hizo, pese a costarle un enfrentamiento con su antiguo aprendiz y amigo: Sus repeticiones supusieron un gran coste en materiales, salarios, retrasos y muchos otros inconvenientes que abusaron de la flexibilidad del presupuesto. Iba tarde, los actores estaban agotados, hartos de rodar en Noruega, entre heladas y ventiscas, los estudios estaban presionando, y Lucas no estaba en su mejor momento.

Y el resultado fue cojonudo: El Imperio Contraataca es, con mucho (y hablo de un "mucho" abusivo), la mejor película de toda la saga de Star Wars. Y tal y como Lucas demostró en la nueva trilogía, no podrá superarla. Es una película mucho más oscura, menos bonita y más dramática. Dagobah es un pantano. Hoth es un infierno helado e inhóspito. Bespin es el hogar de una traición. Y sin embargo... Todas esas poderosas escenas: Luke "matando" a Vader en la cueva y descubriendo que el único resultado de perder el control de su ira es su propia destrucción, Han y Leia reconociendo finalmente lo que sienten el uno por el otro, y esa despedida... La aparición de Bobba Fett, de Lando... Ese comienzo que es totalmente un bajón: Habías olvidado al final de la anterior que, aunque la estrella de la muerte haya sido destruida y Vader haya sido derrotado, el malo es "El Imperio", y aún no hemos visto al Emperador.
Pero sin embargo, lo más brutal de esa película. Lo más intenso, fuerte, desgarrador y atroz, más aún que ese final amargo, con sabor a despedida, derrota y, de algún extraño modo, esperanza, es ese duelo entre un Luke que aún no está preparado contra el brutal Darth Vader.
No hacen falta sables de luz danzando a velocidades endiabladas, ni un infierno de fuego y lava de fondo. Solo el héroe vulnerable enfrentado al villano perfecto, y esa increíble escena. Esa pose de David Prowse... Esa cara de desesperación de Mark Hamill... Esa frase inolvidable...





Decidme la verdad: ¿Cuantos de vosotros habéis pensado "Luke, yo soy tu padre" al ver la foto? Ahí está el arte.

Irvin Kershner, además de esta película, hizo muchas otras más o menos memorables. Una digna secuela con Robocop comparable a la genial y delirante orgía de violencia de Verhoeven, y Nunca digas nunca jamás, metiéndose entre los directores que dieron vida al mítico James Bond (aún la tengo pendiente, pero la veré tan pronto como pueda). Os recomiendo también un bizarro thriller de los setenta: Los ojos de Laura Mars, con Faye Dunaway y un joven Tommy Lee Jones (¿os imagináis a este hombre de joven? Cuesta visualizarlo, pero es posible).

Puede que esas películas no sean memorables, pero hay una cosa que es indudable: Este director ha alcanzado una obra maestra. Una obra del calibre que muchos directores, que la absoluta mayoría, no logrará rozar en toda su vida.

Tras una larga lucha con una enfermedad (que ni IMDB dice cual es), Irvin Kershner murió este pasado lunes veintinueve de Noviembre. Es un buen día para reencontrarse con una obra maestra del cine, como es El Imperio Contraataca. Y quedaos con su cita en la comparación entre la primera película y la segunda (o mejor dicho: La cuarta y la quinta):


"I think it went beyond 'Star Wars'. You had some humor, you got to know the characters a little better. I saw it as the second movement in an opera. That's why I wanted some of the things slower. And it ends in a way that you can't wait to see or to hear the vivace, the allegretto. I didn't have a climax at the end. I had an emotional climax."

"Creo que fue más allá de "Star Wars". Habías tenido algo de humor, y tenías que conocer a los personajes un poco mejor. Lo vi como el segundo movimiento en una ópera. Por eso quería que algunas cosas fuesen más despacio. Y acaba de un modo en el que no puedes esperar para ver u oír el vivace, el allegretto. No tuve un climax al final. Tuve un climax emocional."




Semper fi, Irvin.


Ukio.

3 comentarios:

Gandalf dijo...

Era un maestro en serio. El Imperio Contraataca es lo mejor que existe con el nombre Star Wars.

Vuelve a ser uno con La Fuerza, que descance en paz.

Skeith dijo...

Amén a eso.

Sin personajes como Bobba Fett o ese Yoda, hecho polvo pero aún dando guerra y más sabio que nunca, no sólo la película, sino tampoco la saga sería lo que es. Y ciertamente, el oscurecimiento que se da a la situación hace que todo cobre más interés.

Con ese legado, puede ir tranquilo.

Ukio sensei dijo...

Así se hace! Esta es la única peli no dirigida por Lucas (Richard Marquand era un pelele a las órdenes de Lucas, sin criterio ni opinion).

Os recomiendo, ya que estamos, Robocop 2